Alemania y James R. Iluminado por el undecimo Mandamiento

13 julio, 2014

Imagen-Alemania y James R. Iluminado por el undecimo Mandamiento

James Rodríguez- Futbolista colombiano

Por Arturo Prado Lima


La pintora y escultura mexicana Halma Lujan, colgó en su más reciente exposición en la Galería  Espacio Ronda de Madrid, una escultura extraordinaria titulada El Undécimo  Mandamiento: el fútbol, quien ha cobijado a Alemania y le ha dado su cuarta copa del mundo y a James Rodríguez como  pichichi y posible Balón de Oro de la FIFA.

En una grabación para la televisión iberoamericana, Halma me explicó que Moisés vino a visitar el mundo y cuando se dio cuenta que los 10 mandamientos, esos que le encargó su Dios difundir sobre la tierra habían sido violados en todos sus aspectos, el profeta rompió las Tablas de la Ley y se marchó. Pero Dios, como es muy listo, dice la pintora, pensó en el futbol inmediatamente y lo implantó como el Undécimo mandamiento: el futbol será tan y solo eso: un juego. Un juego en el que la humanidad encuentra un punto de escape a la represión y auto represión ejercida desde dentro y desde fuera de la condición humana.

El juego, en este caso el fútbol, se eleva al rango religión, de fe, y en fanatismo también, como consecuencia ineludible de la Ley de los Contrarios. Y como una religión tiene sus monjes, sus gurús, sus sacrificios, sus cruces y sus glorias.

Pero Dios, el listo, creó el fútbol como juego en sí mismo, no como causa para producir un fin. Los niños juegan. Ese es el verdadero juego. No hay una meta, no hay resultados a quien mostrar, no hay jueces a quien rendir cuentas. Es como lo concibe el Monge hindú Osho; “cuando estás jugando el futuro desaparece”.

Y si el futuro desparece, si en la mente no está la obligación de ser campeones, entonces has llegado al centro de ti, la energía corporal fluye, se delita jugando. En aquel momento juegas y te vuelves divino. Entonces se produce el milagro: una nación entera, pone sus ojos en el jugador y lo eleva al olimpo de los dioses, y cuando sus ojos y su pensamiento están puestos en el Dios- jugador, se olvida de las diferencias del vecino, el odio al enemigo, de cobrar la cuenta pendiente.

Ese estado de gracia fue el que vivió Colombia cuando el pichichi colombiano del mundial  se entregó de lleno a jugar, a deslumbrar al mundo, olvidado de los resultados, únicamente jugando, viendo a su equipo como eran, unos jugadores más, sintiendo al rival como lo que son en definitiva, otros jugadores. Esa energía en juego contagió a un Zúñiga, a un Armero, a todo el equipo que puso en juego su energía y contagió a todo un país que se olvidó por un instante de las miserias de un clima post electoral que de no haber existido este juego habría terminado en el recrudecimiento de la violencia más bárbara debido a la derrota en las urnas de los agoreros de la guerra.

Un equipo en el campo de juego, no en el campo de batalla. Respetando las reglas establecidas. Pero esta clase de juego no es útil en el mundo del mercado. En el mundillo mercantil los dioses son artificiales. Los fabrican a la medida de las necesidades, exprimen hasta el máximo su potencial y los relegan al olvido. Esa es la historia.  Camilo Zúñiga también sabía que estaba jugando, y si se abalanzo sobre la espalda de Neymar lo hizo respondiendo a las reglas del juego, es decir, jugando a ser rebelde al enterarse que las reglas establecidas estaban contra los colombianos. No, no debía haber condena. De hecho, no hubo sanción. Así es el juego. Neymar dice que no guarda rencor contra Zúñiga.

Colombia perdió con Brasil, y salió a las calles a celebrar. Con gratitud. Colombia jugó a ser grande. Sin gratitud no hay celebración posible. Para esto debe servir el fútbol. Los instantes vividos por Colombia en este Mundial de Fútbol Brasileño es memorable y será recordado porque nos demostró que los colombianos sí podemos unirnos en torno a un objetivo: la paz, tal como lo hicimos en torno al fútbol. Ya Sergio Cabrera, en su película “Golpe de Estadio” había planteado el tema del juego como arma de disuasión masiva contra la violencia. En el rodaje, un frente guerrillero pacta con un contingente antiguerrilla del gobierno una tregua para ver el partido Colombia Argentina. Colombia golea a su rival, pero la celebración es fatal: 80 muertos en diferentes circunstancias. Ahora el fenómeno se repitió, no en dos grupos armados, sino en una nación entera, pero siempre pensando en la paz como fondo.

Una amiga colombiana que vive en Madrid escribió en Facebook que había muchos colombianos y colombianas que hubieran preferido que Colombia gane el mundial a que se firme la paz. No estaba errada en su apreciación. Si Colombia ganaba el campeonato mundial, la unidad nacional hubiera sido más fluida y por tanto la paz se habría firmado con más ímpetu que nunca.

Volvamos a la obra de Alma Lujan. Le pregunté el porqué de una coca kola en su obra “El Undécimo mandamiento”, y ella me respondió que un amigo suyo, dueño de un Café – restaurante, le regaló su pizarra donde anunciaba el menú diario. No modificó en nada la parte de abajo, donde aparece la botella y el balón unidos por el“Undécimo mandamiento”. Lo que hizo es poner la mano de Dios para dar fe de que si despojamos al fútbol de las mafias que hay detrás, del asunto del mercado humano y de las empresas criminales que pululan por el dominio del juego, el Undécimo mandamiento sería hoy uno de los pilares de la civilización de occidente.

Y volvamos a la realidad del campeonato de fútbol en Brasil: ALEMANIA CAMPEONA. Fuera  de los estadios:

¡LA LLAMA DE LA REVUELTA CONTINÚA ENCENDIDA!

¡2013-2014 es la rebelión de la clase trabajadora en Brasil! En difíciles condiciones la resistencia continúa, contra el terror armado impuesto por los gobernantes, contra las infiltraciones de políticos/sindicalistas y sus aliados dificultando la lucha, contra las promesas de los gobernantes y las mentiras de los medios de comunicación. Y ahora, enfrentando la idolatría deportiva [el mundial de fútbol], que tanto sacrificio y humillación ha costado a los trabajadores. ¡Los combates continúan! ¡Piquetes, huelgas, revueltas y molotovs hace un año abren caminos mejores!

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