El silencio, la indiferencia y la ganas de joder

5 septiembre, 2014

Imagen-El silencio, la indiferencia y la ganas de joder

Lo contrario al amor no es el odio sino la indiferencia
Eric Fromm

El peor pecado hacia nuestros semejantes no es odiarlos, sino tratarlos con indiferencia; esto es la esencia de la humanidad
William Shakespeare

Tomas Rodríguez León

A veces, a los gobernantes de poses extremas, de monólogos omniscientes, omnipresentes y omnívoros, hay que sufrirlos hablando lo estrictamente necesario para intentar conspirar y ser más fuertes en el silencio. La indiferencia puede ser un arma que lastima. Se sabe, también se puede matar con la indiferencia.

El silencio y la indiferencia son útiles para boicotear una relación de pareja y cuando los autoritarios quieren repetir la misma dualidad sadomasoquista con los ciudadanos. Es bueno pensar en la estrategia de la indiferencia y así, con refinados gestos, provocar sensaciones de olvido, para que lo compartido se sienta como existencia impensada, como convivencia imposible. Es ciertamente subversivo hacerle sentir al poder que nunca valoramos los momentos, las miradas, los sentimientos, y que no añoramos nada porque nunca lo hemos amado.

La indiferencia sella rupturas y marca abandonos; la relación deja de existir y todo es prescindible, porque el estado totalitario (siempre fue así) se nutre del circo y el aplauso, de la consigna que se adhiere o de las rabietas de los que se oponen ¿Tendrá fortaleza para ignorar nuestras indiferencias? ¿Cómo se sentirán los burócratas en algarabías, sin asistentes a su puta fiesta circense? ¿Cómo le dolerá al engreído ver que nadie ríe, nadie aplaude, o se cruzan de brazos los que asisten?

El poder que ya aprendió a controlar contestatarios, odia el silencio porque es muy sospechoso e inescrutable. El silencio y la indiferencia serán las peores armas a utilizar, aún peor que el vaivén de las palabras que ofenden, porque crean vacíos, hielos protervos, ausencias marcadas, pérdidas no asimilables, cálculos fallidos.

Hagámoslo ya, no dejemos que el estado imponga su agenda de presionar y nosotros de resistir. Se trilló el esquema. Organicemos un gran silencio colectivo, una indiferencia que se vuelva dolorosa a los gobernantes. Ellos sufrirán cuando nosotros los dejemos de pensar, de extrañar, cuando nos sea su presencia digna de omisión. El desamor, los olvidos, el silencio nuestro a discreción, los dejara exhaustos, la indiferencia obnubilará sus pensamientos, los llenara de intriga y curiosidad. El desinterés doliente será como la nada, una señal sin respuesta, una angustia repleta de neurosis, cual existencial sensación de soledad.

Y ahí sí, será buena idea desobedecer y reír, joder un poco; incomodar al patriarca aburrido que querrá saber de vos, que querrá una tregua a tu silencio… entonces, insistiremos en joder por joder….ya se observan consecuencias del estrés gobernante; los peores enemigos están siendo los que joden y los indiferentes.

El periodista Alfonso Espinoza que ha sido el más grande de los indiferentes liberales, quien jamás perdió su mesura desamorada y desapasionada, sí que irrita (recordemos el enojo por ignorar una gira presidencial) y claro, están los que joden hasta las últimas consecuencias: El chamo Guevara (escuchen por favor patria mala palabra) el Bonil, el Michelena.

…hablemos de una estrategia: silencio, indiferencia, aburrir al poder, reírse del poder, y provocar desde ahí, la arrechera indignación movilizada

Ya sabes que la indiferencia mata y cuando no mata fortalece.

Fuente: lalineadefuego.info

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