De Rodillas Señor

22 septiembre, 2014

Imagen-De Rodillas Señor

Pablo Guerrero

Doña Luzmila  madre del Lucho  mujer entrada en carnes y años  se  tiró de rodillas al suelo, no para rezar dentro del templo  sino en media calle. Las rodillas  sonaron como bisagras cuando  se hincó. Las rotulas yacían rojas llenas de ripio cortante le pincharon  como agujas.

Gorda  como le dicen sus amigas a Luzmila musitó con un hilo  de voz tristemente deshilachado: Perdón señor mi hijo no es  delincuente. Sobre las mejillas gorditas y trigueñas de la señora  rodaron miles de lágrimas  apenadas. Cayeron junto a sus meniscos, después fueron a rezumar por las alcantarillas de hierro, fue tanto el llorar de Luzmila  que el cuerpo de bomberos se personó   al lugar. Los zaguanes de las  casas vecinas se anegaron.

El viejo  capitán de bomberos Don Jacinto  no había visto a en su larga vida profesional algo así . Dijo a los subalternos con voz crujiente que fueran por las bombas. Estos aparatos  no lograron  succionar las secreciones de Luzmila, al contrario se dañaron  al chupar sus lágrimas. Dejaron  de funcionar.

El llanto de Luzmila (madre) del lucho que estudia en el  Montufar lejos de menguar  contagió  a la María; el de la María a la Pancha; el de la Pancha a la Rosa y así, muchas madres comenzaron a llorar por sus hijos. El Zumbido acuoso  creció de norte a sur, de sur a norte, de oriente a occidente también creció. Frente a los retenes miles de madres transidas de rodillas  clamaban: Señor te pedimos perdón nuestros hijos no son delincuentes.

El llanto de las madres sumergió a la capital en dolor. Al  “Señor”  no le mosqueaba la piedad que de él las señoras pedían, al contrario parecía disfrutar de aquel dolor. Luzmila logró visitar a su hijo el fin de semana en la prisión y esto fue lo que Luis le dijo:

Madre la amo y la respeto pero por favor deje de llorar que la ciudad se inunda y con ella la Libertad, Después hablándole al oído espetó………

Luzmila al salir de la visita penitenciaria lucia diferente, un aura de dignidad se le había impregnado en el rostro, después de la conversa con Luis su rictus lucia apacible y rebelde. Al verla las otras madres de los estudiantes se inquietaron. La Pancha se le acercó y le preguntó porque has dejado de llorar- Luzmila le hablo al oído……. La Pancha sonrió

Las madres una a una se hablaron al oído…. Dejaron de llorar.

Lo que se dijeron me lo comentó la Rosa, a riesgo de infidente venga el chisme….. : A trabajar en el Paro Cívico Nacional de pies murmuraron  a sus oídos. No de rodillas.

 

Pablo Guerrero Martínez.

Praga-22 de Septiembre-2014

Praga desde el exilio.

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