En esta esquina…!

26 septiembre, 2014

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La división en la estrategia de dominio al país y pueblo.

Por: Manuel Salazar

“Divide y vencerás”, es un aforismo desarrollado por Maquiavelo en su obra el Príncipe, pero que fue orientación del emperador romano Julio César, como mecanismo de dominio.   En   el  país  lo  aplicó  Balaguer  y  con más eficiencia lo hace el PLD. 

Más, la división a lo que pudiera  entenderse  opuesto al  orden establecido por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, fue considerada por estos como parte de  su  estrategia vital de control a la República Dominicana.

Es conocida la orientación planteada por el presidente Kennedy durante la crisis post trujillista: en Santo Domingo tenemos que escoger entre tres posibilidades: primera: un gobierno de amplia base social surgido de unas elecciones democráticas; segunda: un gobierno como el de Trujillo; y, tercera,  uno como el de Fidel Castro.  “Preferimos lo primero, pero no podemos renunciar a lo segundo hasta tanto estemos seguros de que no ocurrirá lo tercero”, dijo.   Cualquier cosa, menos un gobierno de izquierda, fue la orientación que signó a la llamada transición democrática iniciada con la caída  del  dictador.

De esa estrategia sobrevino el derrocamiento al gobierno de Bosch en 1963; la intervención militar del 28 de abril de 1965; y la instalación en el poder de Balaguer en 1966.

 La represión y la división a los grupos democráticos y revolucionarios, fueron otros componentes funcionales a la estrategia y que corrieron paralelos.

 Manolo Tavarez Justo vio claro  el fomento de la división por parte de la inteligencia de los Estados Unidos y la oligarquía criolla, y lo denunció en  un discurso  el 14 de junio de 1962 frente al parque Independencia, en  el que destacó el interés de las clases dominantes de alentar el surgimiento de  organizaciones políticas con el propósito de dividir la oposición; subrayó que “…La razón de esa división obedece… a una nueva táctica empleada por la reacción nacional y el imperialismo… con el propósito de dividir, de impedir la unidad de las masas populares…”.

A pesar de esta certera denuncia- advertencia, la división se hizo en el tiempo parte consustancial del movimiento revolucionario y alternativo.  A cada rato surge un nuevo grupo “en nombre de la unidad” o para trabajar “por la unidad”; proponiendo lo mismo que los grupos existentes. Esto tiene ya el rango de caso: en nombre de la unidad se multiplica la división;  a  tal  punto, que hoy se cuentan sesenta y siete partidos o grupos que  se reivindican  progresistas, de izquierda o alternativos.

Uno que otro de buen hablar, o de escritura fácil, más si pasó por algún partido de izquierda, junta a unos cuantos; les convence de una misión mesiánica y como denunciara alguna vez un periodista español en una situación parecida en el Perú: “distribuye jerarquías, o rangos, según el caso;  se reserva para   si   el  de  líder principal; o de comandante general, también según el caso”; y ya está el nuevo grupo.

No se confunda esta protesta con descalificación, para lo que no estamos autorizados, no es nuestra práctica, ni hay razones de ningún tipo moral o personal para descalificar a los concernidos en esas iniciativas.  Si es de destacar que, vistas las propuestas de los seis movimientos surgidos en lo que va de año en varios lugares del país, pudieron complementarse en la Alianza por la Democracia (APD), Alianza País (AlPaís), o en el proyecto de fusión Alternativa Revolucionaria- Patria para Todos (AR-MPT). Y por cuidarme de actitudes ventajistas no incluyo al Frente Amplio entre las organizaciones donde   también   hay   espacio   para   ellos.

A este ritmo y maneras, uno no sabe si invocar a Manolo y su denuncia sobre la estrategia de los sectores dominantes para la división; si analizar el fenómeno desde la antropología política; o si refugiarse en el realismo mágico, para abordarlo desde la perspectiva literaria.   A lo mejor, quien sabe, resultan válidas las tres perspectivas.

En cualquier caso, ganada la comunidad de ideas y propósitos, como al efecto dicen los escritos de sesenta y tres, del total de sesenta y siete, la  mejor   actitud  es seguir fomentando la unidad entre los dispuestos a dar pasos prácticos, a complementarse entre sí. Como en el Frente Amplio aquí, en Uruguay y en El Salvador.

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