Ecuador: ¿Pobres policias?

8 octubre, 2014

Imagen-Ecuador: ¿Pobres policias?

“Pobres policías”… El mensaje que se intenta posicionar desde el gobierno es que los uniformados, tan pacíficos y nobles ellos, fueron víctimas de la salvaje agresión de unos delincuentes, no estudiantes.

Y en cierta forma, sí habría que tener compasión por algunos de esos muy jóvenes policías, hombres y mujeres, que tienen que cumplir la orden de reprimir, pues ese es su trabajo, empleo que vieron como la mejor alternativa frente a la imposibilidad actual de ingresar a una universidad, o de tener un trabajo estable, con sueldo justo y todos los derechos de ley.

Pobres ellos y sus familias, pobres… Muchos de esos muchachos estuvieron del otro lado de la batalla; cogieron piedras en sus manos, flamearon una bandera, gritaron de todo al uniformado, pues era la representación de un Estado que los oprimía… Ahora, están en la otra orilla, la vida los llevó hacia allá, y por eso no cabe sino solidarizarse con ellos.

 Pero la institución, conformada por mandos no tan jóvenes, con experiencia ya de años en las tareas de perseguir y reprimir de formas que la historia se niega a olvidar, no puede ser compadecida.

Es una institución que sostiene, por la fuerza, el dominio de una clase social sobre el Estado, ese es su papel y, por tanto, no se puede, bajo ninguna circunstancia, equiparar los derechos de quienes pertenecen a esa institución con los de los ciudadanos que son reprimidos y que no tienen más que su derecho al voto cada cierto período de tiempo, como arma frente al Estado; y cuando ese derecho queda corto (por la traición de los mandatarios), como siempre sucede en el capitalismo, deben ejercer su derecho humano a la resistencia, a la rebelión. Como se ha visto incluso en realidades al otro lado del mundo, y en varias épocas históricas, en casos extremos de defensa de la vida, el uso de una piedra o de un palo no tiene la connotación que tiene el uso de un misil o de un fusil por parte del Estado.

Históricamente ha sido el Estado, controlado por la burguesía, el que ha actuado con violencia extrema contra los trabajadores y la juventud, como ahora se actúa contra los estudiantes del colegio Mejía, que mientras escribimos este editorial acuden a su audiencia de juzgamiento, luego de haber sido golpeados de forma brutal, según lo establecen los informes médicos de la Cruz Roja Internacional, que al haberse hecho públicos permiten a los abogados hablar de la figura: tortura.

Son estudiantes; no se está juzgando a violadores, como el padre del Vicepresidente de la República, tampoco a estafadores, como los que están involucrados en el famoso caso Duzac, en el que tuvo que ver el primo del Presidente de la República. Son estudiantes, jóvenes que tratan de sobrevivir en un país en el que la meritocracia se ha convertido en un monstruo que les coarta sueños; en el que el Código Integral Penal y la Ley de Comunicación intentan taparles la boca, someter sus conciencias. Son estudiantes, no delincuentes.

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