Ecuador: Salud publica, entre la desnutricion cronica infantil y la comida chatarra

9 octubre, 2014

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Por Tomas Rodríguez León

Los temas relacionados a la nutrición no consienten utilización política, el nivel técnico probado en evidencias es fundamentación ética obligada y preliminar para extraer conclusiones, y si se trata de nutrición infantil lo es más.

Un enfoque crítico pero objetivo respecto de la nutrición en la primera edad, en conjunto con sus indicadores epidemiológicos, contribuirá a reconocer los problemas nutricionales en un Ecuador hoy carente de contundencias tanto como de construcciones críticas. La revisión de tales parámetros pueden no solo cuestionar la gestión de la política pública, aun con crítico de impugnación contribuirán a generar y ofertar alternativas.

La ENSANUT (Encuesta Nacional de Salud y Nutrición) revela bemoles múltiples: en las prácticas de lactancia materna, solo uno de cada dos niños accede a la leche materna en la primera hora después del parto, es decir solo un estimado 360 mil niños. Advierte el mismo informe que la desnutrición en la niñez de menos de cinco años sigue siendo un indicador alto, sobre el 25%, y como se sabe, la desnutrición crónica inhibe el desarrollo cognitivo y afecta el estado de salud de por vida (UNICEF).

Las cifras en rojo se duplican en poblaciones rurales e indígenas, y en Chimborazo por ejemplo, la desnutrición alcanza un 44% (Unicef). La desnutrición crónica afecta a la mitad de los menores de 5 años de edad de origen indígena, los menores tienen entre 1,6 y 3,7 veces más probabilidades de desnutrirse que en las áreas urbanas (CEPAL).

Al analizar la desnutrición infantil crónica se debe objetivar que su existencia revela el grado de prioridad e interés del sistema de protección, pues es un indicador clave de desarrollo por su complejidad y sus consecuencias.

El periodo de riesgo es la edad comprendida entre 0 y los 5 años, y si en esta fase por falta de prevención se instala la desnutrición crónica, los tejidos neuronales comprometen el desarrollo cognitivo e incrementan vulnerabilidad futura respecto a enfermedades crónico degenerativas. El informe último ENSANUT reconoce que la desnutrición crónica por retardo de talla es del 25,3%. Es decir, uno de cada cuatro niños ecuatorianos está afectado para siempre en su desarrollo. Seis de cada 10 embarazadas y 7 de cada 10 menores de 1 año sufren de anemia por deficiencia de hierro y los niños en Ecuador consumen líquidos diferentes a la leche materna (leche de fórmula) aunque la Organización Mundial de la Salud no lo recomienda. Asimismo, más de 400 mil personas entre 10- 59 años sufren de diabetes.

Las cifras de ENSANUT sobre desnutrición son equivalentes a las mismas del informe UNICEF 2006 -2007, y no se compadecen con los ‘Objetivos del Milenio’ donde la provisión de intervenciones de salud y nutrición deberían ser de gran impacto, ampliando la escala de intervenciones de salud y nutrición con eficacia demostrada (UNICEF objetivos de desarrollo del Milenio). Tampoco se complacen con la metas del gobierno al inicio de su primer periodo. Al parecer el país mantiene los mismos indicadores de desnutrición crónica infantil desde 2007.

Se pone en evidencia que los problemas no están bajo control: la desnutrición aguda (proteica) y la obesidad infantil (sobre nutrición calórica) “la otra desnutrición”, están en serio cuestionamiento. El fracaso de los modelos de intervención en el control de la desnutrición crónica y la obesidad se debe a la reproducción de viejas estrategias en política nutricional, que modelizan y estandarizan esquemas donde integran a niños para institucionalizarlos, tratándolos con políticas de engorde y crecimiento cual aves de corral. No se reconocen los requerimientos individualizados y diferenciados. Antes y ahora se continua con los programas de suplementación o complementación usando variables de gasto calórico y proteico comunes.

Los modelos de intervención epidemiológica para la desnutrición, recomiendan la universalización de los derechos (enfoque de salud pública) y el monitoreo individualizado de las acciones (enfoque clínico), los censos generales como diagnostico social, y la medición de peso y talla con tablas de compensación también personalizadas. Esta estrategia ya ha dado resultados y es altamente efectiva, porque focaliza los recursos en función de las necesidades singulares de cada niño y se monitorea no solo la desnutrición sino la sobre nutrición.

Todo indica que el país no asume estas recomendaciones y los resultados indican que la vigilancia no se está aplicando. Pero es más penoso reconocer que el país tiene una provisión excedente de proteínas, animales (Carne, aves, mariscos) lo que no explica niños en desnutrición crónica. El comparativo regional es triste, la prevalencia media de desnutrición en América Latina en niños menores de cinco años sería de un 10% para casos moderados, y un 1 % de formas graves. En América Central sería del 15,1%, en el Caribe del 13% y en Sudamérica del 6,5%. Ecuador expone un 25% de desnutrición crónica (UNICEF).

En todos los estudios Ecuador está en la línea de los países peor ubicados. Paralelo y concomitante a la desnutrición se ubica la malnutrición y la obesidad, el estudio ENSANUT dice que 20% de los menores de cinco años no realizan actividades físicas, mientras en los adolescentes la cifra se incrementa al 26%. En los hombres en edad adulta la cifra supera el 30%. Casi el 50% de los ecuatorianos de entre 10 y 59 años son pre-hipertensos, y cerca del 20% son hipertensos. Más de 900 mil personas entre 10 y 59 años presentan obesidad abdominal, factor determinante en enfermedades coronarias, y de ellos más del 50% tiene síndrome metabólico.

Cuando la economía, la agricultura, e incluso la política, no debaten la tragedia de niños condenados a la cadena perpetua por desnutrición crónica, una etiología social se manifiesta en deuda y una gestión política entra en cuestionamiento. Desnutrición crónica y obesidad, dos marcas lacerantes en la sociedad, confunden percepciones sociales porque los niños gordos pueden estar en desnutrición crónica. Muchos obesos mórbidos implican la exposición de mecanismos de adaptación o fenómeno de autodefensa, que buscan reducir los requerimientos nutricionales a través de una reducción en la velocidad de crecimiento y disminución de la actividad física que incrementa el peso. (Castillo, Srimptom, Roger Hayuni).

Y siendo el problema de la nutrición infantil crónica el de mayor peso y sensibilidad, se posiciona con fuerza el tema de la comida chatarra, contexto que marca la preocupación del gobierno con buena intención e inadecuada forma de abordarla. Lejos de instalar una política de educación, promoción de la salud nutricional, prevención y combate a la sobre nutrición, se dirige a reprimir y encarecer el consumo y a penalizar tributariamente el expendio.

Se afirma que se afectara solo a las comidas rápidas de las transnacionales, pero existe una verdad que no puede ser soslayada; los ecuatorianos, niños y adultos tenemos la cultura de la comida callejera y nuestra dieta popular es altamente “chatarra”, es aterogénica (Colesterol, triglicéridos, azucares) con factores asociados a malos estilos de vida (sedentarismo, tabaquismo).

Ejemplos sobran: fritada, maduro frito, tripa misque, encebollado con yuca pan y arroz, guatita con arroz y tallarín, tallarín con arroz, caldo de manguera, guagua mama, etc. El 80% de la “chatarra” permite que decenas de miles de ecuatorianos sobrevivan y solo el 5% de la población consumen la chatarra internacional. ¿Es creíble que se quiere afectar con impuestos en bien de la salud pública?

Es hora de examinar los programas nutricionales con la máxima valoración técnica. La alimentación suplementaria, remitiéndonos a los resultados, estaría mal planificada y mal ejecutada, los móviles políticos siguen direccionando los programas y la institucionalización no afirma el principio de nutrición afectiva familiar. Intervenciones costosas dan la imagen de ampliación de cobertura en los servicios, pero la realidad no se modifica. Los recursos no aglutinan las iniciativas sociales porque la oferta asistencial paternalista se traduce en fondos asignados que la comunidad considera como oportunidad de desarrollo pero no de acción solidaria con la niñez.

Si la auto complacencia sigue marcando el ritmo del discurso político, el problema ira a mayores, y nuestros niños seguirán en una larga hilera existencial de penurias, entre la desnutrición crónica y el sobrepeso.

La respuesta la podrían entender los analistas económicos que habituados a la conversión costo efectividad deberían asimilar como recomendaciones las estimaciones del Programa Mundial de Alimentos PMA: “el costo anual de combatir la desnutrición en todos los niños menores de 5 años en la región asciende a 2,05 mil millones de dólares, pero el de no combatirla oscila entre 104 mil millones y 174 mil millones de dólares por mortalidad infantil, pérdida en la productividad por retardo en el crecimiento y pérdidas por enfermedades crónicas, entre otras causas”.

Una obligación moral para los gobernantes y los ciudadanos es cambiar los estilos de nutrición. Que los gobernantes inviertan en educación nutricional olvidándose de esquemas represivos (ineficientes) y que nuestros pueblos se cuiden solidariamente.

Referencias

1. Encuesta Nacional de Salud Y nutrición

2. Habicht JP. Nutrition: a health sector responsability. World Health Forum

3. Comité de expertos de la OMS. El papel del sector salud en alimentación y nutrición. Ginebra: Organización Mundial de la Salud. 1981; Serie de informes técnicos (núm. 667).

4. Grande Covian F, Varela Mosquera G. (eds) Aspectos de la nutrición del hombre. Bilbao: Banco Bilbao Vizcaya, 1993. Grande Covian F. Composición corporal y metabolismo energético. Discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas, Químicas y Naturales de Zaragoza. Zaragoza: Academia de Ciencias Exactas, Físicas, Químicas y Naturales

5. Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana

6. Informe Mundial de la Infancia UNICEF

7. Onis M, Blomer M. WHO Global database on Child Growth and Malnutrition. Geneva: WHO, 1997.

8. Bengoa JM. Problemas nutricionales prioritarios en Iberoamérica. 2009

9. Bengoa JM Los programas de alimentación suplementaria. En: V Congreso de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria. Madrid, 2002.

Fuente: lalineadefuego.info

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