Los perros asesinos

29 octubre, 2014

Imagen-Los perros asesinos

Por: Francisco Garzón Valarezo

Hay historiadores enojados porque algunos perros utilizados por los españoles en la conquista tienen más biografía que los mismos hispanos. Alonso de Salazar tuvo un mastín reputado por su fiereza llamado Becerrillo, fue nieto de unos perros amaestrados para perseguir a los negros fugitivos.

Salazar lo entrenó para perseguir indios alzados en la isla de Cuba y fue tal su crueldad que cierta vez capturó al líder de unos nativos rebeldes, lo ató a un árbol y frente a él pusieron a su anciana madre para que el perro la destroce.

Leoncico, Amadís, Júpiter, Galaor fueron otros perros siniestros que tenían los “dientes rojos de tanto matar indios.” Pedro Cieza de León dice que en Quito había una tienda donde se vendía carne de indio para criar perros.

Son relatos atroces que parecen lejanos y perdidos en la oscuridad del tiempo, pero no.

El miércoles 15 de octubre de este año el joven Jefferson Tejada salió de su casa rumbo al manglar para cumplir su trabajo de recolector de concha en la isla Las Huacas  del Archipiélago de Jambelí, madrugó con varios amigos porque la marea los dejaría trabajar solo hasta el mediodía.

Para cumplir su labor los concheros se dispersan en los pantanos y por eso no pudieron defender a Jefferson cuando una jauría de ocho perros furiosos lo atacaron y lo mataron, ahí en el manglar.

La plaga de los piratas es grande en la costa, para hacerles cara, algunos empresarios camaroneros de El Oro escogieron una opción bestial: amaestrar perros. Eliminaron a los guardianes porque sospechaban que se ponían de acuerdo con los piratas y adiestraron perros para que sean capaces de abordar una canoa de remos, de recorrer en manada enormes distancias y generar miedo con su presencia a cualquier curioso indiscreto que se acerque a las piscinas, pero parece que también los entrenaron para matar.

Hace fechas que los camaroneros “aplican justicia” por su cuenta en los manglares, la lista de muertes sería interminable pero en escaso tiempo se cuentan diez víctimas mortales entre abaleados, electrocutados en cercas energizadas y destrozados por los perros asesinos. Santiago Cruz también fue despedazado por diez perros Rottwailer.

Como suele ocurrir en estos casos, deudos y amigos de los difuntos solo atinan a pedir justicia al presidente sin advertir que su política es la que promueve el abuso de los empresarios cuando emitió el decreto 1391 que permite legalizar camaroneras ilegales y hacer que sus jefes asuman que son propietarios de un bien nacional de uso público.

Para los habitantes del litoral desde Canchimalero en el norte hasta Hualtaco en el sur el negocio camaronero no solo ha significado un crimen a la naturaleza sino un crimen a los seres humanos. Tanta novela por el caso Chevrón y en la costa se ha matado el 70% del manglar y a muchos hombres.

Aquel 15 de octubre Jefferson Tejada no iría a clases, o acaso no estaba estudiando porque en las islas no hay colegio, tenía que trabajar para aportar con su cuota para los gastos de la casa, o querría sacar a pasear a su novia a Puerto Bolívar. Jamás lo sabremos. Sus padres verán la sabatina y oirán decir que tenemos lindas carreteras, oirán del milagro ecuatoriano, sabrán que no serán desocupados porque les dirán que buscar justicia para los responsables de la muerte de su hijo es un buen trabajo.

Oirán decir que el camarón desplazó las exportaciones de banano en lo que va del año, pero esta lección brutal les enseñará que el interés del capitalista se impone a la vida de los seres humanos, que la Constitución y la Leyes son pura hojarasca, que nadie los protege, que sigue la fiesta de los viejos y nuevos ricos en el Ecuador y que los perros siguen matando gente como ocurre desde el inicio de la colonia.

Fuente: ecuadorlibrered.tk

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