Ecuador: El laborismo antimarxista de la Revolucion Ciudadana

12 noviembre, 2014

Imagen-Ecuador: El laborismo antimarxista de la Revolucion Ciudadana

Por Tomas Rodríguez León

Se aprestan los gobernantes a meter las manos en el movimiento obrero usando esquiroles viles y serviles, que con discursos falseados ofenden la concepción socialista edificada por los trabajadores libertarios y el marxismo.

El movimiento obrero ecuatoriano históricamente construido en referentes clasistas se ve amenazado por el estado y sus pretensiones. Las siguientes reflexiones son a propósito de una plataforma llamada ACUERDOS Y COMPROMISOS que quiere demoler al FUT y construir una CUT, espuria sin sostén teórico ni ideológico y sumiso al régimen.

Dicen:

“El sindicalismo, en el socialismo del siglo XXI, difiere sustancialmente del sindicalismo tradicional. La diferencia radica en que deja de ser instrumento de defensa de la clase trabajadora frente a la patronal – en el marco de relaciones de explotación – para convertirse en instrumento de participación y movilización de los trabajadores en la construcción y consolidación de la sociedad del Buen Vivir”

Dejar de ser herramienta frente a la patronal es el esquema viejo y reaccionario de la derecha conservadora que busco un sindicalismo obediente y sometido. El sindicalismo revolucionario no solo aspira ser instrumento de reivindicaciones económicas sino que fundamenta principios de práctica política y de aspiración de poder para la clase obrera, al “dejar de ser instrumento de defensa de la clase trabajadora frente a la patronal – en el marco de relaciones de explotación – para convertirse en instrumento de participación y movilización” como lo reconocen los actores será nada más que instrumento de la concepción de buen vivir del poder que es coexistencia con la burguesía y la oligarquía.

“Se promueve el surgimiento de una corriente sindical cuya plataforma programática y política busca armonizar con el proceso de cambio”. Se abjura del principio revolucionario de la lucha de clases, y al buscar la armonización y la no confrontación se retrocede cavernariamente más atrás incluso del sindicalismo liberal, que reconoce escenarios de conflicto y el derecho a la huelga y otras manifestaciones clasistas.

En los hechos lo que se pretende es “potenciar la articulación de los sindicatos -y organizaciones gremiales- al proyecto político de la revolución ciudadana, como tarea prioritaria”. Idéntico esquema de la plataforma laboral nazi en su idea de subordinación política al estado. El Frente de Trabajo Alemán (DAF) con Robert Ley al mando alentó un nuevo sindicato vertical para aumentar productividad y mostrar el orgullo nacional. El sindicalismo nazi dio luz al proyecto «Fuerza por la Alegría» (Kraft durch Freude) con viajes, actividades culturales, paseos, y buen vivir, así como un ministerio de la felicidad que impulsó la liquidación del sindicalismo clasista independiente persiguiendo a rabiar al sindicalismo marxista y anarquista hasta la muerte (cualquier parecido es pura coincidencia).

“En un Estado en revolución, que recupera la rectoría sobre el mundo económico, el sindicalismo público cobra aún mayor importancia como fuerzas socio-política en la reconstitución del tejido social y la recomposición de la representación de la clase trabajadora”. La concepción de estado revolucionario es fascista, el socialismo proletario marxista considera que el estado es expresión de dominación de clase, el estado es contrarrevolucionario en esencia y contrario a la libertad. La revolución proletaria no crea un estado rector y peor revolucionario, la clase obrera y sus aliados generan formas duales de poder como democracia directa que obliga a los funcionarios a cumplir la política de conducción obrera a la sociedad (la comuna de París, los soviets, los consejos obreros).

“ la revolución ciudadana ha atendido necesidades históricas del movimiento sindical: elevación del salario mínimo, eliminación de la tercerización y precarización laboral, ampliación de la seguridad social, erradicación del trabajo infantil, salario digno …Esta nueva realidad, genera un nuevo tipo de relaciones entre el Gobierno nacional y los sindicatos, tanto públicos como privados, que ya no se inscribe ni en las coordenadas del conflicto, ni las del clientelismo, ni de la politiquería partidista”.

Las necesidades históricas no son las necesidades económicas básicas, las necesidades históricas, son el control obrero de la industria y la sociedad. La elevación de salarios parte de la táctica del movimiento obrero en el gobierno ciudadano es una falacia, la tercerización continua en la forma de externalización de servicios que pone a miles de trabajadores bajo el yugo de dos expresiones patronales; la del estado y la de las empresas que brindan servicios, las seguridad social es de mala calidad, los trabajadores que se quedan sin empleo pierden la continuidad de atención sanitaria pese a decenas de años de aportación.

Países no revolucionarios como Perú anticipan la jubilación a trabajadores que pierden el empleo a la edad de 55 años y en Argentina se promueve la jubilación universal por edad. El salario digno es una maldad, los regímenes como la comuna de París y el soviético jamás admitieron que los funcionarios tengan salarios tres veces superior al salario básico de los obreros medios. La burocracia “revolucionaria” es casi una nueva burguesía con salarios hiper dignos, el trabajo infantil continúa y se amplía en su expresión informal. El capitalismo se consolida y se consolida las bases del conflicto y la politiquería, además se revela con la máxima brutalidad monopólica.

“La plataforma reivindicativa tradicional de los sindicatos ha sido superada, (SIC) en favor de los trabajadores, por la gestión del gobierno nacional revolucionario. Para los sindicatos, esto significa, la necesidad de repensarse, reinventarse y redefinir su papel en el nuevo país que se va construyendo”. Esta plataforma es más retrograda e que el sindicalismo reaccionario demócrata cristiano que jamás se repensó como un sindicalismo articulado al gobierno, en el régimen demócrata cristiano de Oswaldo Hurtado los sindicatos democristianos de Cuisana y Robalino se planteaban el socialismo comunitario y la independencia de clase, en la RC todo decoro es venido a menos, la subordinación es total.

“Estas nuevas condiciones imponen la recreación del marco legal que rige en el ámbito laboral y de trabajo”. Exacto lo que se requiere es un marco legal que limite derechos a la interpretación del estado y sepultar por siempre la consigna de los trabajadores que dice; con la fuerza de los trabajadores romper las leyes de los explotadores.

“El país vive un cambio de época. …Los actores sociales han tenido que modificar sus plataformas y estrategias”. El estado es quien interpreta prioridades sociales, los que se resisten, los que se expresan con autonomía son excomulgados y satanizados, perseguidos e insultados.

Y para remate la plataforma que se esgrime es extremista y contra revolucionaria señalado que son características del sindicalismo del siglo XXI:
Cínicamente se reconoce “De la huelga al diálogo”, en el fondo se busca eliminar lo que Rosa Luxemburgo señalaba como la mejor escuela de formación de la conciencia; la huelga.

Cínicamente se “privilegian la interlocución y el diálogo como el mecanismo para resolver conflictos”. Esto no lo plantean ni los sindicatos archíes amarillos de EEUU. La semántica de la reacción conservadora se expresa con su elevada magnitud.

“En los sindicatos del sector público, el Estado garantiza los derechos individuales y colectivos a los servidores públicos” de nuevo se ve al estado en su concepción fascista como garantista cuando en la práctica es una amenaza a los derechos de los trabajadores, ejemplo ya se han demostrado con los despidos voluntarios masivos, la precarización de sus derechos y la inestabilidad que le niega permanencia laboral más allá de dos años a los servidores públicos.

Establecer el diálogo, no la huelga, el pensamiento de la RC supera en bondad dialógica a las formas más refinadas de la socialdemocracia vegetariana. Se pretende eliminar el derecho y la opción de la huelga.

“De la plataforma de lucha al ejercicio de la participación ciudadana” esta sí que es una honesta declaración de abandono y traición.

“Del puesto de trabajo a la realización personal y profesional …”; “la concepción misma del trabajo como fuente de realización y no únicamente como fuente de ingresos“. Defección absoluta de la categoría trabajo asalariado, explotación, plusvalía y derivación al encubrimiento de la explotación. Se recupera el psicologismo burgués anticomunista que considera que la concepción marxista del trabajo enajenado y alienante es falsa y el trabajo es fuente de felicidad con argumentos de motivación y autorrealización empoderada.

En el ámbito del sector público, una de las tareas de nuevo sindicalismo es la promoción de una cultura ciudadana de servicio y el mejoramiento institucional, en el marco de la auto identificación de ciudadano en funciones públicas con el proyecto de desarrollo y los objetivos nacionales. (por favor hojeen ‘Mi Lucha’ de Hitler).

Fuente: lalineadefuego.info

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