“El cerebro de los políticos cambia en situaciones de poder”

3 diciembre, 2014

Roger Muñoz Navarro es uno de los pocos especialistas españoles en Neuropolítica, que estudia cómo afecta la acción política a la personalidad desde el punto de vista de la neurobiología .

Nació en Valencia en 1980 y fue en Valencia donde se licenció en Psicología en 2009. En estos momentos, es investigador pre-doctoral en Psicología Clínica y máster en Neuropsicología Clínica

 PREGUNTA.- ¿Cómo y cuándo empezaste a interesarte por la psicobiología y la Neuropolítica?

RESPUESTA.- Empecé la tesis doctoral en el departamento de Psicobiología. Estuve tres años con una beca investigando en adicciones y tal. Y, además, era curioso, porque lo que estaba estudiando ahí era los efectos del status neurobiológicamente y cómo ese status afectaba a la vulnerabilidad hacia el consumo de drogas.

Estaba estudiando el poder en ratones, básicamente. Eran machos dominantes frente a machos sumisos y lo que sabemos es que hay una serie de cambios hormonales dependiendo de la situación en el status en que se encuentre cada cual.

P.- O sea, que el poder pone.

R.- Claro que pone, pero, sobre todo, lo que hace es cambiar. Cambia una serie de estructuras del cerebro y, sobre todo, cambia una serie de hormonas. La primera hormona que cambia es la testosterona. Las personas que tienen más testosterona tienden a ser más dominantes. Y, al ser más dominantes, tienden más a buscar una serie de conductas que digan: voy a mantener aquí mi posición, mi terreno, mi poder.

 Empecé a hacer una tesis en drogodependencias sobre eso, pero era muy curioso porque todo lo que yo veía en los ratones lo veía todos los días en mis jefes y salí muy quemado. Lo que ocurre es que hay otra hormona. Los que ganan, los que son muy dominantes, tienen mucha testosterona, pero los que están en la escala de abajo tienen mucho cortisol.

 El cortisol es la hormona de estrés. Por lo tanto, los que están siempre en una jerarquía baja tienen mucho más estrés que los que están en una jerarquía alta. Yo estaba sufriendo mucho estrés en esa situación porque tenía unos jefes que eran muy dominantes. Acabé dejándome esa tesis doctoral.

P.- Entonces, ¿es la personalidad la que define la acción política?

R.- Todas las personas tenemos nuestra personalidad, la personalidad tiene ciertos caracteres, ciertos rasgos, ciertos factores, y lo que sabemos es que hay personas más tendentes a meterse en acciones políticas y puede haber una serie de rasgos que estén relacionados con ello. Están las personas que son un poco más tolerantes a la frustración, aquellas que dicen “yo esto no lo soporto, yo no quiero que pase esto”, también están las personas que tienen una tendencia mayor a la dominancia social y saben que los contextos políticos es un campo en el que ellas pueden reflejar su personalidad, competir y luchar por las ideas.

También hay personas que tienen mucha más empatía y las personas que tienen mucha más empatía quieren luchar por causas sociales. Podemos decir que la empatía, la dominancia social y la ideología son las motivaciones que llevan a las personas a meterse en política.

P.- El arco es muy amplio, entonces.

R.- Hay unos estudios de Neurociencia que diferencian muy claro cómo funcionan los cerebros de las personas de derechas y cómo funcionan los cerebros de las personas de izquierdas. Lo que hacemos es evaluar personas con ideología política de derechas, conservadoras, y progresistas y les hacemos técnicas de neuro imagen para ver cuál es la funcionalidad de su cerebro. Vemos que las personas que son de izquierdas tienen una mayor reactividad emocional y más empatía que las personas de derechas. Eso es bueno a la hora de tomar decisiones políticas que van a afectar a la mayoría de las personas.

Lo que ocurre es que las personas de derechas son capaces de suprimir sus emociones de una forma más potente y, por lo tanto, tienen menos empatía. Eso no ocurre siempre en todas las personas, pero sí hay una gran relación. Esto, como todo en ciencia, es estadístico. ¿Hay políticos así? Obviamente. Hay políticos que se enfrentan a las grandes multinacionales y hay otros que se hacen amigos de ellas. Hay que tener en cuenta que el campo de la Neuropolítica es muy nuevo y hay muy poco. Incluso la ciencia es muy estadounidense y ellos se sitúan en una bipolaridad un poco liberal-conservador. La política es mucho más amplia que eso, es más que esa dicotomía. Pero sí que es cierto que esas diferencias se ven. Hay personas que son de izquierdas o más pro sociales y hay otras que son más individualistas. Podemos hacer esa dicotomía, pero luego se puede hablar largo y tendido porque las cosas no son tan sencillas en política.

P.- ¿Qué utilidad tiene la Neuropolítica tanto para la acción política como para los individuos?

R.- Yo haría una diferenciación de dos tipos de Neuropolítica desde quién la utiliza. La Neuropolítica la ha utilizado el gobierno francés de Sarkozy. Él creó una sección de Neuropolítica dentro de su grupo que, básicamente, es estudiar el marketing político con técnicas de neuroimagen.

Es decir, es conocer el cerebro del elector, del que va a votar. Si sabemos manipular o conocer mejor cómo vota el elector, podremos generar técnicas de marketing y estrategias de influencia mucho más tecnificadas y, por lo tanto, mucho más eficientes. Lo que nos gustaría aportar desde nuestro grupo de investigación es qué puede aportar la sociedad desde la Neuropolítica y es saber que el cerebro de los políticos cambia en situaciones de poder.

Y no solo el de los políticos, sino el de cualquier persona que tenga poder: economistas, grandes empresas, incluso tu jefe, incluso el jefe de una microempresa.

Sabemos que el estatus, por este cambio de hormonas que he comentado antes, el aumento de testosterona, cambia la personalidad tanto los hombres como las mujeres. Hay mujeres muy competitivas y, normalmente, las mujeres que son muy competitivas tienen niveles de testosterona muy elevados. Y lo que ocurre es que la política es un contexto muy competitivo porque es el campo de acción de la lucha de las ideas. Pero también es un contexto muy colaborativo. ¿Qué podemos aportar desde la Neuropolítica? Saber que estas situaciones ocurren.

Siempre que quieras ganar, va a haber un efecto en tu cerebro. Si ganas demasiadas veces seguidas, eso puede hacer que acabes teniendo mucho poder y lo que ocurre es que la testosterona va a las zonas del cerebro donde está la empatía.

Cuando hay mucha testosterona en tu cerebro, menos receptores de empatía hay en esas zonas y, por lo tanto, hay menos empatía. Una persona que llega al poder con mucha empatía es posible que la pierda con el tiempo.

Fuente: rebelion.org

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