¿Que pasa con el turismo rural y comunitario en Ecuador?

17 diciembre, 2014

En abril de este año, el presidente Rafael Correa declaraba su firme intención de convertir al Ecuador en potencia turística a nivel internacional, aunque no dejó de admitir “que son necesarias mejoras en infraestructura, capacitación del talento humano y otros aspectos.

” Implícito en este mensaje y la promesa del turismo, es que nuestras bellezas naturales y culturales nos traerán riqueza y empleo. Nos traerán el buen vivir.

Si bien hay deficiencias evidentes, a pesar de ellas, el país parece estar en buen camino. Las cifras no mienten: el primer trimestre del 2014 registró un 20 % más de visitantes que el mismo período en el 2013. Los datos son alentadores, aunque, después examinarlos detenidamente siempre queda la duda de qué tanto de esos visitantes pueden considerarse turistas.

Como señaló el presidente, convertirnos en potencia turística no es simplemente cuestión de correr una cortina y dejarnos ver por un mundo ávido de paisajes y folklore. Son justamente esos ‘otros aspectos’ que menciona, los que determinan la brecha entre las empresas ya establecidas, algunas dominando el sector, y las nacientes iniciativas individuales o comunitarias que ven en el turismo una forma digna de ganarse la vida.

Para los hoteles de estrellas, las aerolíneas y las agencias de viajes que disponen del capital necesario el panorama luce brillante, y no dejan de aplaudir las costosas pautas publicitarias, ya que serán sus beneficiarios directos. Se preparan para recibir ese flujo de extranjeros que vendrá como resultado de los reconocimientos internacionales a Ecuador como destino turístico, sobre todo a Quito y Galápagos, o de campañas como All you need…

Pero, ¿qué ocurre lejos de las grandes ciudades, donde se encuentra la esencia de nuestra cultura, donde están los nevados, las playas y la fauna; donde no existe la gran empresa, sino el pequeño emprendimiento; donde el eco turismo es una esperanza económica plantada y cultivada por esfuerzos particulares, en algunos casos o por la cooperación extranjera, en otros?

En efecto es otro mundo

Martha Beltrán, dueña de un modesto alojamiento en el Puyo, se enteró del financiamiento para proyectos turísticos en una sabatina presidencial. Fue al Banco de Fomento y le dijeron que para acceder al crédito tenía que hipotecar un bien inmueble por el valor del ciento veinte por ciento sobre el monto del préstamo. Su proyecto de mejorar la infraestructura de su hostal quedó en el aire por tiempo indefinido. Es cierto que las líneas de crédito están abiertas: la Corporación Financiera Nacional, el Banco de Fomento y el Banco del Pacífico ofrecen créditos a bajo interés, sin embargo el mayor obstáculo para el emprendedor de las zonas rurales es que no hay créditos sin hipotecas, y gran parte de las propiedades no son hipotecables. Las razones son varias, pero la más común es que están en proceso de legalización. Es el caso de la señora Beltrán.

Hay también incentivos para emprendedores que se organizan a través de distintas instituciones. Carlos Muñoz, propietario de un bosque en la parroquia de Nono, participó en un concurso del Ministerio de Producción con un proyecto de aviturismo, y ganó. El premio consistía en un estudio de factibilidad realizado por un equipo profesional. Muñoz afirma que ahora tiene el estudio hecho y los resultados indican que su proyecto es rentable. No obstante, el premio no contempla ninguna facilidad de financiamiento. “Nos dijeron que nos llamarían a un encuentro con posibles inversionistas, pero nunca recibimos el llamado.” Explica que actualmente está tratando de levantar el proyecto con sus propios recursos.

Elizabeth Riofrío, quien eventualmente transporta turistas desde Quito hasta los alojamientos de Mindo, refiere que el Ministerio del Turismo concedió la licencia de guías nativos a ella y a varias decenas de habitantes de la zona, pero que la mayoría no puede conseguir trabajo porque no hablan inglés. Nos ofrecieron capacitar en idiomas, comenta, pero hasta ahora estamos esperando. Riofrío es bastante crítica al respecto, “La capacitación que nos dan es muy simple, no tiene seguimiento. Nos dieron el papelito y se olvidaron.” Ella cree que en Mindo el turismo ha decaído en los últimos años porque la atención no es buena. Se queja de que fuera de los feriados, prácticamente tienen que arrancharse los pocos turistas que llegan. El propietario de una hostería en el mismo sector, coincide con Riofrío: “Mindo tiene menos turistas cada año.” Este empresario afirma que ha inscrito a su personal en los programas para mejorar la calidad del servicio, e indica que también ha logrado obtener el certificado Q, un certificado internacional de calidad turística, pero que los resultados todavía no se ven. Considera que unos cuantos cursos no son suficientes, que hace falta una política integral. Pone como ejemplo, que de nada le sirven los certificados si sus huéspedes tienen que soportar la música a todo volumen de los bares cercanos, o el ruido de las motocicletas circulando hasta altas horas de la noche.

Fuente: lalineadefuego.info

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