Murales, mansiones, fortunas

31 diciembre, 2014

por Francisco Garzón Valarezo

Indignación es lo que sentimos al saber que nuestra plata ha servido para pagar al señor Pavel Égüez una fortuna de 300.000 dólares por pintar un mural en el edificio de la Fiscalía de Quito que lleva el teatral e inútil nombre de “Muro de la verdad: Proyecto de reparación simbólica de las víctimas de las violaciones de los Derechos Humanos”.

El señor Pavel Égüez es por purita casualidad Agregado cultural de la embajada del Ecuador en Venezuela desde hace cinco años, y ganó de largo el torneo para ganarse esa billetiza por la sencilla razón de que participo solito, fue el único candidato a tremendo sacrificio por la patria.

Égüez trabajó en su juventud con Oswaldo Guayasamín y aplica al dedillo aquella veterana expresión de que el verdadero discípulo es el que supera al maestro, pues se llevó mucho más de lo que timbró Guayasamín cuando pintó el mural del Congreso Nacional en 1988: treinta millones de sucres que dijo no eran para él sino para comprar pintura. (Sic)

A esa fecha, treinta millones de sucres significaban 76.923 dólares, una lotería si tomamos en cuenta el costo de la vida de ese entonces. Égüez asimiló del maestro y lo superó, al menos para cobrar por un mural que mide la mitad del que pintó Guayasamín, le sigue sus pasos y le copia porque los murales se parecen, tienen el mismo perfil.

Guayasamín, el Alvarito Noboa de la pintura, se hizo rico pintando el dolor del pueblo, se decía progresista, que simpatizaba con el comunismo aunque nunca aportó un centavo para las organizaciones de izquierda, destacó el dolor del indio en su pintura y cobró, cobró muy caro a los burgueses que sentirían menor remordimiento teniendo en sus casas un “Guayasamín” original como los que le compró Nelson Rockefeller. Va por buen camino Pavel Égüez para superar a su maestro que fue uno de los hombres más ricos del Ecuador y con $ 80.000 más podrá comprarse una covachita, una media agüita, como la que se peló doña Gabriela Rivadeneira, aunque le sobra para comprarse una chocita con piscina, similar a la que se ganó Irina Cabezas; sin embargo, le falta para igualar a Wilmer Medina, esposo de Betty Carrillo que coronó con 800.000 dólares de un prestamito que le dio la CFN.

Las coartadas de estos revolucionarios son grotescas, dice doña Gabriela que le han dado el préstamo para pagar su cuevita en un plazo de quince años por cuanto los banqueros saben que estará en la Asamblea todo ese tiempo y si no, con su título de bachiller fácil podría conseguir un empleo de 7.000 dólares que es lo que gana ahora.

“A los que les gusta mucho la plata hay que correrlos de la política” ha dicho José Mujica, lo que hay que aplicar para estos bellacos, rufianes de la política que les gusta la plata fácil, abundante, rápido y sin dar razones a nadie, creyendo que sus prebendas serán eternas, pero ya les llegará la hora obligada de rendirle cuentas al pueblo que será implacable en sancionar sus escándalos.

Fuente: ecuadorlibrered.tk

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