Carta al Pais de Carlos Figueroa

20 enero, 2015

Somos ciudadanos de la república y no súbditos de una monarquía.

“Nos tienen miedo porque no les tenemos miedo”

No se puede tapar el sol ni la verdad con un dedo. El testimonio del General Ernesto González, Comandante de las Fuerzas Armadas el 30S, confirma lo que nosotros dijimos: el Presidente fue quien ordenó la acción en el Hospital de la Policía, no hubo golpe, no hubo secuestro.

Después de seis meses de injusta prisión puedo ver el camino recorrido y proclamar que hoy somos más y la lucha es ardua pero debe continuar.

El 23 de febrero del 2014 en cadena de radio y televisión al asumir la derrota electoral, el candidato universal Rafael Correa Delgado señaló a los médicos y a mí, en particular, como uno los culpables de su catástrofe electoral. Esta visión se sumó al trauma del 30S y esta derrota aceleró el juzgamiento de Cléver Jiménez, Fernando Villavicencio y yo.

Conocedores de la forma visceral como el gobierno maneja la política y los poderes, vimos que intentaría encarcelarnos en las modernas mazmorras donde sufren muchos inocentes que han tenido la valentía de denunciar y combatir la corrupción. En 30 días ajustaron los hilos de la sentencia para ser ejecutada y, a pesar de tener MEDIDAS CAUTELARES de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), los jueces vinculados de la Corte Nacional, secundaron los deseos del gobierno.

Al desconocer la legitimidad de los fallos de la justicia asaltada por el régimen, decidimos acogernos al asilo concedido por el DIGNO PUEBLO DE SARAYAKU. Aquí aprendimos lo que significa solidaridad con los hermanos y autonomía dentro del Estado.

Aquí pudimos demostrar que la plurinacionalidad y los derechos de los pueblos originarios que constan en la Constitución son para los gobernantes solo quimera, una ilusión; pues, cuando los pueblos intentan hacer uso de este instrumento legal desconocen lo que escribieron en la Carta Magna. Con toda la fuerza del aparato de propaganda se pretendió inculpar de paramilitarismo a los WIOs, vigilantes de la selva; acompañados de amenazas y despropósitos que llevó al gobierno a pretender enfrentar al pueblo con los militares. En este caso, que el Presidente ha dicho que es asunto personal, movilizaron todos los recursos del Estado: aviones supertucanos, helicópteros y demás fuerzas por aire, agua y tierra para combatir a tres personas armadas con instrumentos de paz como la palabra, la conciencia y la ética.

Ante el acoso gubernamental y las delirantes ideas del Presidente que ponían en peligro la vida del noble pueblo de Sarayaku, decidimos salir. En mi caso particular, debido al quebranto de salud de mi madre que se deterioraba cada día más con el sufrimiento que le causaba las noticias que tenia de su hijo y compañeros en la selva, decidí volver a Quito.

Regresé, porque sabía que a mi madre le quedaban pocos días de vida y lo mínimo que quiere un hijo es que ella descanse en paz. Sabía que en la ciudad y con la persecución a mi familia sería más fácil que las fuerzas represivas del régimen me localicen. Fui detenido el 22 de julio del 2014. Lo único bueno fue que mi madre podía visitarme con mayor frecuencia y sus lágrimas amainaron, tuve sus visitas hasta que sus fuerzas lo permitieron; finalmente el 31 de octubre del 2014 falleció, sin que pueda despedirme.

Aparte de mi tristeza personal y de los problemas familiares que hemos sufrido, lo que más me indigna y apena es el funcionamiento absurdo de una justicia sumisa que no duda en agredir groseramente a los ciudadanos que lo único que buscamos es que todos los ecuatorianos tengamos igualdad ante la ley; y que, el Presidente, ministros, funcionarios y simples ciudadanos tengamos la posibilidad de ser juzgados en igualdad de condiciones.

El supuesto delito cometido por Cléver, Fernando y yo, fue pedir que la fiscalía INVESTIGUE EL GRADO DE RESPONSABILIDAD del Presidente de la República en el ataque militar al Hospital de la Policía y en la muerte de policías, militares y civiles, el 30 de septiembre del 2010, en la revuelta policial por la aprobación de la Ley Orgánica de Servicio Público (LOSEP).

Sé que fuimos quijotes al pretender justicia, cuando nadie quería arriesgarse a cuestionar al régimen que cada día abarcaba más y más poder. Reconozco que este gobierno tiene razones para pretender acallarnos, pues iniciamos la oposición desde el momento en que la nueva Constitución suprimía derechos de los trabajadores conseguidos en decenas de años de lucha. El bello poema lirico sobre la ampliación de los derechos, contenía una buena cantidad de cicuta, como hoy lo saben el pueblo y los trabajadores.

Cuando se produjo la Consulta Popular, alertamos que detrás de las corridas de toros estaba el asalto a la justicia para perseguir a todo aquel que consideren opositor. Es el instrumento de terror contra organizaciones sociales, trabajadores, estudiantes y cualquier ciudadano que cuestione al régimen.

Pretende eternizarse en el poder como una dictadura. Una sola persona, con un equipo servil, determina qué es constitucional, qué es legal, qué es ético, qué es importante, qué debemos pensar y hasta qué debemos comer.

Pretenden que pasemos a ser súbditos de una monarquía que usa de parapeto una Constitución retaceada y prostituida por funciones venales como la Asamblea Nacional, la Corte Nacional de Justicia, el Consejo Nacional Electoral, Defensoría del Pueblo, Corte Constitucional y más funciones del Estado ecuatoriano.

El trabajo sucio es realizado por una enorme estructura burocrática que les permite tener a cientos y miles de empleados ejecutando desde los simples resúmenes de noticias y la infiltración en organizaciones sociales, hasta la planificación de acontecimientos maquiavélicos como el desalojo de la CONAIE que buscan distraernos de los temas centrales, como el paquetazo, ordenado desde Carondelet, pero emitido desde la Asamblea Nacional (subida del precio de la electricidad, impuesto a las cocinas de gas, la creación de nuevos impuestos o su incremento), así como el endeudamiento agresivo e irresponsable. El gobierno pasará a la historia como el que dilapidó 200.000 millones de dólares en el SEGUNDO BOOM PETROLERO.

Todo esto no sería posible sin que la sociedad y el pueblo lo permitan. Por varios años los trabajadores, gremios, movimientos sociales y en particular jóvenes secundarios y universitarios, no hemos sido capaces de organizarnos y dar una respuesta adecuada al déspota pseudo-ilustrado. No hemos sido capaces de enfrentar a un gobierno, a una legislatura, a una justicia, y una burocracia IRRESPONSABLE que han destrozado la poca institucionalidad que había y convertir a Ecuador en uno de los países más corruptos de América Latina.

No debemos permitir que este grupo nefasto permanezca en el poder. Es nuestra obligación moral derrotar a esta camarilla y llevarla ante una nueva justicia para que paguen por la corrupción antes de que destruyan al Estado ecuatoriano.

Nos roban nuestra música, nuestras banderas, nos encarcelan, nos reprimen, pero no lograrán doblegarnos, porque estamos protegidos por la coraza ética de Eugenio Espejo, de Montalvo, de los héroes del 10 de Agosto, de la Revolución de las Alcabalas y de 520 años de resistencia de nuestros pueblos originarios.

Yo fui a la cárcel porque pretendo que mi ejemplo o sacrificio levante la conciencia de los ecuatorianos, yo no acepto los fallos de la justicia falsa y parcializada, pretendo que por la venas de los ecuatorianos circule sangre y no horchata, porque yo quiero vivir en libertad, yo no soy súbdito de ningún emperador o dictador. Nuestros ancestros lucharon para dejarnos el legado de la libertad, hoy nos corresponde a nosotros la tarea para dejar un legado de dignidad a nuestros hijos y a las futuras generaciones.

Agradezco a mis compañeros y colegas, Cléver y Fernando por compartir la lucha; a mis hermanos de Sarayacu, por el ejemplo y la firmeza; a mis compañeros de Polo Democrático, Pachakutik, Federación y Colegio de Médicos de Pichincha, de todas las organizaciones que me expresaron su solidaridad. Vamos a juntar nuestras manos para seguir en la construcción de la Patria que soñamos.

 Quito, 17 de enero de 2015

Dr. Carlos Figueroa

Fuente: drcarlosfigueroa.com

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