Un verdadero día del periodista

20 enero, 2015

Por: Franklin Falconí

Cuando atrasamos las cocechas los frutos se pudren, pero cuando atrasamos los problemas, no paran de crecer.

Si hubiera cómo fundir dos fechas célebres y profundamente significativas a nivel mundial y convertirlas en el único y verdadero Día del Periodista, estas serían: el 5 de enero de 1792 y el 8 de septiembre de 1943. Sobre la primera mucho se escribe cada año en el Ecuador, puesto que fue el día en que nació el periodismo libertario en nuestro país, con la aparición de “Primicias de la Cultura de Quito”, periódico que bajo el amplio paraguas de la temática cultural, comenzó a regar las ideas incendiarias que conducirían a la independencia del yugo español.

Sobre lo que ocurrió en la segunda fecha, en el contexto de la invasión nazi a Checoslovaquia, se podría ilustrar con la siguiente cita: “Sí he ayudado a la URSS. He ayudado al Ejército Rojo, y eso es lo mejor que he hecho en mis 40 años… Me hice comunista porque no podía ni quería resignarme a sufrir el régimen capitalista… ahora van a dictar su sentencia. Conozco su contenido: La muerte a ese hombre. Mi veredicto acerca de ustedes lo he dictado hace ya mucho tiempo, escrito con sangre de la gente honrada de todo el mundo: ¡Muera el fascismo!, ¡muera la esclavitud capitalista! ¡La vida al hombre! ¡El porvenir al comunismo!” Lo dijo Julius Fucik, pocas horas antes de ser ejecutado por el Reich alemán, y luego de haber permanecido más de un año preso y sometido a brutales torturas, que se describen en su obra póstuma: “Al pie de la horca” (conocida también como “Al pie del patíbulo”).En honor a Fucik, la Organización Internacional de Periodistas declaró al 8 de septiembre como el Día Internacional del Periodista.

A Eugenio Espejo y a Fucik los identifican varias cosas, además de ejercer el oficio al que Gabriel García Márquez calificó como el mejor del mundo. Lo primero es que ambos fueron hombres de cultura: Espejo se tituló como médico y como abogado. Hizo relevantes contribuciones a la ciencia, con su obra: “Reflexiones acerca de la viruela”, que en aquella época era uno de los más graves problemas sanitarios que sufrían los pueblos de América y España. Escribió obras como “El Nuevo Luciano”, con la que cuestionó la dogmática educación de la colonia. También publicó: “Marco Porcio Catón” y “La Ciencia Blancardina”, complementarios al anterior, y que firmó con el seudónimo de Moisés Blancardo. Con estas obras se expresaba el pensamiento emergente de los criollos que, aunque en un contexto completamente adverso, representaban las ideas más avanzadas, conocidas como “iluminismo”, que en Europa darían origen a procesos como la revolución francesa e inglesa.

Fucik, literato y hombre de teatro, impulsó un intenso estudio crítico de la literatura checa, pretendió indagar la historia para poner de relieve el legado democrático y el espíritu popular de los escritores de su país. Elaboró una serie de documentos, que por las circunstancias de represión quedaron truncados, a los que tituló: “Los olvidados y los obligados a callar”, libro en el que sustentaba una de las premisas fundamentales de la estética marxista, que es la de afirmar que el valor de una obra está, sobre todo, en su contenido popular.

Otra de sus obras relevantes es: “Desde la tierra donde el mañana ya es ayer”, en la que cuenta la experiencia de la construcción del socialismo y sus logros en la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), a donde viajó en forma clandestina, cuando los nazis habían ocupado su país.

Escribió también una novela, bajo el título: “Teresita y el jovial embargador”, y tuvo una profusa producción de artículos de crítica literaria y teatral, así como de contenido político, en periódicos como Rude Pravo, que dirigía y editaba de manera clandestina en su país, y Tvorba.

Pero su más emblemática obra, que ha sido traducida a más de 80 idiomas es “Al pie de la horca”, en la que narra las brutales torturas a las que fue sometido luego de haber sido capturado por los nazis. Jamás reveló ningún dato que pusiera en riesgo a sus compañeros y a su organización.

Fue su esposa, Gusta Fucikova, quien luego de la muerte de Julius publicó los escritos de su compañero. Cuenta de esta forma el proceso que tuvo que seguir:

“Después de la derrota de la Alemania hitlerista en mayo de 1945, fueron liberados de las prisiones y de los campos de concentración los prisioneros que los fascistas no tuvieron tiempo de matar o de torturar hasta la muerte. He tenido la suerte de contarme entre los liberados. He vuelto libre a mi patria. He buscado los rastros de mi marido. He hecho como otros miles y miles que buscaban y buscan al marido, a la mujer, a los hijos, a los padres y madres deportados por los ocupantes alemanes, en alguno de sus innumerables lugares de tortura.

Supe que Julius Fucik había sido ejecutado en Berlín el 8 de septiembre de 1943, quince días después de ser condenado.

Supe también que había escrito en la prisión de Pankrác. Fue su guardián, A. Kolinsky, quien le facilitó los medios de hacerlo, llevándole a la celda el papel y lápiz necesarios. Es él también el que se llevó a escondidas las hojas del manuscrito redactado en la prisión.

Tuve una entrevista con ese guardián. Poco a poco recibí todo lo que Julius escribió en su celda de Pankrác. Las hojas, numeradas, estaban ocultas en casas de distintas personas y en diferentes lugares; las he reunido y hoy las presento al lector”.

En las actuales circunstancias que vive el Ecuador, en las que se quiere imponer un periodismo callado, sometido, funcionalizado a los intereses de un Estado totalitario, se hace necesario celebrar El Día del Periodista rindiendo homenaje a la tradición rebelde de esta profesión, sobre todo cuando es ejercida desde los intereses de los trabajadores y los pueblos.

¡No nos callarán!

¡Nunca!

Fuente: ecuadorlibrered.tk

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