China vs. CELAC – Ecuador: Nueva Renegociación de la dependencia

27 enero, 2015

Por: Lcdo. Francisco Escandón Guevara

¿El crecimiento de la economía China constituye una amenaza a la hegemonía mundial norteamericana? Esa inquietud es recurrente en nuestras sociedades, particularmente en Latinoamérica, en la que asistimos a un proceso de modernización capitalista y de remozamiento de las relaciones sociales de explotación.

Sostenemos aquello pues en los primeros días de este año se desarrolló el Primer Foro Ministerial entre China y los 33 países que conforman la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños); reunión en la cual los compromisos de inversión, financiamiento de déficit presupuestarios, contratación de deuda externa estuvieron a la orden del día.

Pero esta renegociación en bloque de la dependencia, desde algunos de los presidentes de los gobiernos alternativos, fue justificada en nombre de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos latinoamericanos representados en sus icónicos gobiernos que miran al gigante asiático como una gran potencia económica que emerge sin pretensiones de ser imperialista o hegemónica como es la caracterización hecha a los Estados Unidos de Norteamérica.

Pero antes de sintetizar de qué tipo son las relaciones entre las dos economías, es pertinente pasar revista a las características actuales del país oriental:

a. China tiene un Producto Interno Bruto (PIB) que en el año 2014 supera los $10billones, es el segundo motor de la economía mundial cuyo crecimiento fue mayor al 10% durante más de dos décadas gracias a: un régimen de sobreexplotación de la clase obrera, prácticas productivas devastadoras de la naturaleza, relaciones exteriores de expoliación y sometimiento de los países dependientes principalmente por sus fuentes de energía (petróleo, minerales, alimentos), exportación de capitales (deuda externa), afincamiento de zonas comerciales para el intercambio de su sobreproducción de mercancías; etc.

b. Tan asimétrica es la sociedad china que en su interior se expresan diferencias sociales significativas; por ejemplo: 9 de sus más emblemáticas empresas (Alibaba, China Mobile, Petrochina; el banco ICBC; etc.) forman parte del medio centenar de compañías con mayor capitalización en las bolsas de valores en el acaecido 2014; hecho que demuestra la progresiva acumulación de riquezas en determinadas manos, mientras las mayorías trabajadoras son asiduamente explotadas.

c. Sin embargo, luego de 25 años, el cabalgante crecimiento económico de China transita una desaceleración significativa expresada en que el año que concluyó su PIB creció un 7,4%; mientras que las previsiones de crecimiento según el Fondo Monetario Internacional (FMI) son del 6,8 % a lo largo de 2015 y un 6,3% en 2016. La ralentización de la economía oriental tiene otras expresiones como el desplome en un 7,7% de su bolsa de valores, hecho inusual que sólo tiene comparación temporal con lo sucedido en el año 2008 cuando la economía mundial sufrió los efectos de la burbuja inmobiliaria.

d. Efectivamente, según expertos, en la boyante economía china estaría iniciándose una crisis cíclica de superproducción relativa de mercancías en el sector inmobiliario. Tras una importante demanda de vivienda que disparó los precios, está ocurriendo la contracción de compra en los últimos nueve meses; hecho que repercutirá en un stock de viviendas que no encuentren compradores a razón de la baja capacidad adquisitiva salarial de los trabajadores chinos. Al fenómeno descrito debemos sumar: las dificultades en la cancelación de deudas que tienen los gobiernos locales de ese país y varias de sus compañías, una drástica deflación que impedirá la recuperación de los precios de las mercancías, un paro forzoso de las empresas inmobiliarias y desempleo de mano de obra. De allí que de afirmarse estas serias dificultades de la economía China, estaríamos a puertas de una nueva burbuja inmobiliaria-crediticia cuyas consecuencias serán de significativas proporciones en la economía del gigante asiático y por ende la economía global.

Quizá los argumentos planteados sean suficientes para comprender las razones de por qué los nuevos socios de China, la recientemente constituida CELAC, que tiene un PIB acumulado superior a los $7billones (de los cuales la participación de Brasil y México constituye aproximadamente el 60%, mientras que economías como la del Ecuador representa menos del 1%) se constituyen en una posibilidad de resolver la ralentización del gigante asiático. A ello debemos sumar las razones de que juntos los países latinoamericanos constituyen el mayor productor de alimentos del mundo, el tercer mayor productor de energía eléctrica, una fuente muy rica de recursos primarios desvalorizados y un potencial consumidor de las mercancías producidas en China.

Por ello es que la exportación de capitales, a criterio de los dirigentes socialimperialistas chinos (socialistas en palabra, capitalistas en los hechos) es prioritaria para amortiguar los efectos de la desaceleración en la economía de su país. Sólo en el 2014 China invirtió $102.900millones en el extranjero y según su Ministro de Comercio, Shen Danyang, se estarían tomando medidas para mejorar las condiciones de inversión de sus empresas en el extranjero.

En esa perspectiva pretende normar las relaciones de sus inversiones. El propio Xi Jinping, Presidente de la República Popular China, propuso que invertirán hasta $250.000millones en la próxima década en los países que conforman la CELAC; esos valores se destinarían preferencialmente: al sector del extractivismo de petróleo y minería, a la generación de energía, a la explotación de otras materias primas y a la construcción de infraestructuras, lo que ratifica la continuación de sus preferencias históricas en las inversiones mundiales registradas en el período 2005-2013. En ese período el país oriental otorgó préstamos que ascendieron a $102.000millones destinados a la minería e hidrocarburos en Latinoamérica.

De lo planteado se infieren algunas conclusiones:

- Las políticas de la China son de naturaleza capitalista e imperialista, más allá de los pomposos nombres comunistas con los que se le autocalifican y de las lisonjas socialreformistas de los gobiernos modernizadores latinoamericanos.

- Vivimos un nuevo reparto del mundo que se expresa en las contradicciones interimperialistas. Las inversiones chinas en la región disputan influencia con los TLC´s de la Unión Europea y ellas con otros imperialismos, con el objetivo de desplazar al imperialismo norteamericano que aún es el principal socio comercial de los países de la CELAC.

- La consecución de recursos económicos en la región y particularmente los alcanzados por el presidente Correa básicamente no constituyen un reconocimiento al cuestionado milagro ecuatoriano, más bien fueron parte de las inversiones planificadas por el imperialismo chino en su intención de expansionismo y disputa del control geopolítico de la región para amortiguar la desaceleración de su economía, en perspectiva de conquistar la hegemonía mundial.

- Los capitales chinos que vendrán no rompen las cadenas de la dependencia de nuestros países dependientes, más bien las fortalecen. Las consecuencias de la dependencia al imperialismo son las mismas independientemente del amo de turno. Por ello el discurso de que las relaciones con China son buenas frente a las prácticas colonizadoras de Estados Unidos de Norteamérica, constituyen una charlatanería de los cómplices del capital a quienes debemos derrotar.

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