Rafael Correa miente: 3. Los huevos somos más…

25 abril, 2015

Imagen-Ecuador: Carta abierta a las organizaciones participantes en el Encuentro Latinoamericano ProgresistaPor Roberto Aguilar. 

Parece que el martes alguien amenazó con matar al Presidente cuando se encontraba en Tabacundo, al norte de Quito. Según la versión oficial de los hechos, por una serie de razones los servicios de Inteligencia se tomaron la cosa en serio: la agenda presidencial se interrumpió, un enorme operativo de seguridad se desplegó sobre la zona e inmediatamente Correa fue sacado de ahí y puesto a buen recaudo. La noticia se regó como la pólvora en las redes sociales y los medios digitales. Minutos después, fue el propio Presidente quien confirmó la existencia de una amenaza contra su vida. Y la gente… se retorció de la risa. ¡Cómo! ¿Ante algo tan grave? Pues sí: miles de personas se burlaron en las redes de lo lindo. Y no precisamente porque encontraran gracioso un posible atentado contra Rafael Correa, no, o porque quisieran verlo muerto (bueno, algunos quizá sí), sino básicamente porque no se lo creyeron. ¿Atentado?, pensaron. ¡Mentira!

Claro que también hubo quienes expresaron su legítima preocupación. Bajo la etiqueta #SiEsConRafaelEsConmigo, cientos de ciudadanos manifestaron en el Twitter su solidaridad con el primer mandatario. Pero otra etiqueta les sacó ventaja durante buena parte del día, una con el elocuente nombre de #CuenteroDeTabacundo. No hace falta explicar su contenido. Sólo la decidida participación del Troll Center correísta logró revertir esa tendencia con una catarata de mensajes igualitos producidos en serie y algunos otros extrañísimos, que nada tenían que ver con el asunto pero llevaban la etiqueta puesta, mensajes como “Lo mejor que pude hacer por mi salud es dejar el azúcar. #SiEsConRafaelEsConmigo”. O “Marcas de pies gigantes fosilizadas confirman la existencia de entidades enormes. #SiEsConRafaelEsConmigo”. Mensajes de esos, inexplicables, hubo un montón. Obviamente, nada de esto merece la menor consideración. El hecho cierto que quedó demostrado el día martes es que, ante cualquier cosa que declare el Presidente, por grave que sea, la reacción inmediata de la opinión pública es no creerle. Más claro: se da por sentado que Rafael Correa miente a menos que demuestre lo contrario. Hay que haber mentido mucho para llegar a ese punto. Y ese es precisamente el caso.

El Presidente y su aparato de propaganda deben saber que ese punto ya no conoce retorno. A cualquiera se le viene a la mente la fábula de Pedrito y el Lobo. ¿Se ha puesto a pensar Rafael Correa cuál sería la reacción ciudadana si, por ejemplo, se produjera un nuevo 30-S? Cualquier emergencia que no le diera tiempo para contratar buses y comprar sánduches lo descolocaría por completo. Pero no parece estar consciente de ello. En su lugar, él y su aparato se obstinan en reincidir en la mentira. Cada vez con más descaro y desparpajo. Y la mentira es cada vez más burda, cada vez más evidente. Ya ni siquiera se preocupan por disimular. O ya no pueden y no importa. Porque el correísmo es víctima de su propio discurso mentiroso. Quedó atrapado en él. ¿O acaso son capaces, ahora que se les acabó la plata, de echarse para atrás con aquello del milagro ecuatoriano? No, no pueden. Si decimos que la mentira condujo al correísmo a un punto sin retorno es porque el Presidente y su aparato no tienen más remedio que seguir mintiendo. Hasta tocar fondo. ¿No es esto el principio del fin?

¿Cabe imaginar algo más patético que el discurso oficial sobre los fondos del IESS? Desaparecieron una deuda de 1.700 millones que tenía el gobierno con la seguridad social. La evaporaron. Una deuda cuya existencia habían reconocido –el Presidente, su ministro de Finanzas– más de una vez y hasta por escrito. Ponen en riesgo el futuro del fondo de jubilaciones porque necesitan plata y la necesitan ya. Y graban una cuña. Y organizan una campaña telefónica. “Querida compañera, compañero jubilado, recibe un abrazo fraterno, la admiración, la gratitud de tu compañero presidente Rafael Correa. No te dejes engañar”. Igual que en las elecciones de febrero de 2014, cuando entendieron que estaban por perder la alcaldía de Quito y repartieron cartas firmadas por el Presidente: “Queridos quiteños y quiteñas (…) Que no te engañen”. Así de desesperados. Así de evidentes. Cuando es claro que hasta en las propias filas de su partido hay asambleístas que se niegan a poner la cara para respaldar la audacia: se retiran en silencio y mandan a sus alternos. Así que los ecuatorianos tenemos, de un lado, las cifras de todos los cálculos actuariales existentes; las voces de todos los expertos; la de Katiuska King, que fue ministra de Política Económica del gobierno; la de Ramiro González, que fue director del IESS y ministro de Industrias hasta hace tres días; todos los documentos posibles, los tres compromisos de pago, el acta firmada por el propio Presidente cuando era candidato, asumiendo la deuda; las leyes vigentes que obligan al gobierno, la misma Constitución… Y del otro lado, una patética cuña: “Confía en tu gobierno, no en los mentirosos de siempre. Tú sabes que jamás te hemos fallado. Hasta la victoria siempre”. Hay que tener jeta. Eso es aferrarse a la mentira hasta las últimas consecuencias. Hasta topar fondo, porque no hay retorno. Es el principio del fin.

“Confía en tu gobierno”. Lo que Correa nos pide es un acto de fe. De fe ciega, pues para creerle algo se necesita ignorarlo todo. El aparato de propaganda y él personalmente, sábado tras sábado, se encargan de eso: de que lo ignoremos todo. Y hasta las propias instituciones del Estado ponen en marcha mecanismos no muy sutiles de ocultación. La administración pública correísta profesa una ética de la ocultación. Como cuando el nuevo director del IESS, Richard Espinosa, cita informes jurídicos que no cree necesario revelar y no revela. Otro ejemplo lo acaba de dar el obsecuente Juan Pablo Pozo, presidente del Consejo Nacional Electoral. Él organiza un concurso público (para la renovación del Consejo de Participación Ciudadana) cuyos documentos públicos (las carpetas de los postulantes) ha decidido no hacer públicos. ¿Por qué gracia? Fácil: para evitar “circos, shows y persecuciones”. O sea: por nuestro bien. “Confía en tu gobierno”. También a Fernando Villavicencio lo acusó el gerente de Petroecuador ante la Fiscalía de haber hecho “mal uso de documentos públicos” en su libro Ecuador made in China, donde denuncia la corrupción de la industria petrolera ecuatoriana. ¿Y en qué consiste dicho “mal uso de documentos públicos”? Precisamente: en publicarlos.

El estado de propaganda es un régimen basado en la mentira. La credibilidad de Correa y el correísmo depende de nuestra ignorancia. Y nuestra ignorancia es su mayor éxito. ¿Quién, con un poco de información, puede creer en la inexistencia de la deuda del IESS? ¿Quién, con un poco de información, puede creer en la rectitud del CNE? Sólo los trolls, quienes con el apuro y la urgencia ya ni se molestan en disimular su naturaleza; les basta con abultar la cifra de tuits para mantener una tendencia y salvar las apariencias. Con eso dirán que son más, muchísimos más. ¿Más qué?

Fuente:   estadodepropaganda.com

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