Ni la larga y oscura falsa revolución, ni la partidocracia

3 mayo, 2015

De 100 cabezas huecas no se hace un sabio, de 100 cobardes no surge nunca una heroíca decisión.
Adolf Hitler.

¿Y luego qué vendrá? ¿Dirá el Presidente que las cuentas de ahorro de los ecuatorianos tienen demasiado dinero, y que no lo necesitamos? ¿Nos tratará de convencer que el Estado no nos debe nada en materia de educación y de salud, que más bien hay que quitarnos algo de lo que tenemos en exceso? En la lógica económica del régimen, todas son medidas necesarias, de mentes lúcidas, que protegen el derecho de la gente. No cabe duda que es un cambio de época, la época de los paquetazos disfrazados.

Las esencias de lo que fue la larga y oscura noche neoliberal siguen intactas, aunque las formas hayan cambiado en algo. La sesión en la que se aprobó Ley Orgánica para la Justicia Laboral y Reconocimiento del Trabajo en el Hogar, que reforma el Código de Trabajo, la Ley de Seguridad Social y la Ley de Servicio Público, nos remitió a aquellas vomitivas sesiones de la partidocracia. Nos hizo recordar cómo, “entre gallos y media noche”, la derecha corrupta asestaba golpes a los ecuatorianos, en medio de discursos demagógicos absurdos.

El problema no solo es de los jubilados, lo es de los afiliados actuales y de los que vendrán después. Es de todos. Así como de todos es el problema de la subida de los pasajes, como el incremento de los precios de varios productos de primera necesidad, a propósito de las salvaguardias arancelarias; y lo será la subida del precio del gas y de las tarifas eléctricas. Solo hay que ir sumando todos estos golpes paulatinos para medir el impacto que juntos tienen en la economía de los hogares.

¿Y el discurso oficial? Seguirá siendo aquel de que tenemos el mejor gobierno que país alguno en el mundo pudo haber soñado. Que tenemos la bendición de tener un líder espiritual que nos controla y nos castiga, que hasta se siente capaz de prohibir a las mujeres el placer sexual antes de la culminación de una carrera.

La insatisfacción es creciente, se nota en las calles, en los sitios de concentración pública, en la pelea que los usuarios del transporte interprovincial hacen cuando se les pide pagar más. Ya nadie duda que esa caída de la credibilidad del régimen experimenta la misma tendencia que la de los precios del petróleo. Sin embargo, en el escenario hay quienes quieren cosechar de aquello, mostrándose como los adalides de la lucha por la libertad. Tienen gordas chequeras y una necesidad vital de volver a apoderarse del Estado.

El reto está en que esa molestia se convierta en movilizaciones cada vez más contundentes. El Primero de Mayo es la fecha para mostrar qué tanto ha crecido la conciencia del pueblo. Y las próximas elecciones del 2017 serán la medida de cuánto hemos aprendido de toda nuestra historia: ni larga y oscura falsa revolución, ni el retorno al pasado de la partidocracia.

Fuente: nodo50.org

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