El Estado como partido político

25 mayo, 2015

Por: Marco Villarruel*

Desplante y arrogancia. Así se ven las formas de ejercicio del gobierno por parte de Rafael Correa y del grupo que le acompaña.

El pudor político no es precisamente el estilo de quien usa las instalaciones presidenciales para realizar un mega y masivo desayuno en las instalaciones presidenciales de Carondelet con todos los legisladores de la bancada de Alianza País no solamente para definir las principales dignidades de la Asamblea Nacional, sino para amenazar a sus legisladores frente a posibles disensiones o aspiraciones fuera de lugar.

En otras palabras, se trata de resolver los asuntos partidistas internos como si fueran parte de la política de Estado, nada menos que en el edifico más importante del Estado ecuatoriano.

Confundir las altas funciones de jefe de Estado con las de presidente del Movimiento Alianza País y por lo tanto utilizar el tiempo y de los recursos en beneficio del grupo es insistir en el abuso de funciones y confusión de roles. Hay veces que no se sabe si Correa habla como Presidente o como jefe del partido.

Así actúa también el Prefecto de Pichincha, Gustavo Baroja, que ejerce la jefatura de su partido a nivel provincial y de la misma manera nadie sabe si cuando habla lo hace como Prefecto o como jefe de partido. Por ejemplo cuando dispone que los recursos de la Prefectura, incluyendo al personal administrativo y de servicios, participen activamente en las movilizaciones a favor del régimen.

Resulta chocante por ejemplo que el jefe de Estado (o Presidente de Alianza País) maneje con tanta discreción los fondos públicos en sus últimos tres desplazamientos a Europa, primero para saludar al Papa Francisco y después para preparar su visita al Ecuador. Aunque la conformación de las delegaciones que acompañan al Presidente a todos sus desplazamientos internacionales sean casi secretas, no deja de llamar la atención que frecuentemente lleve a dirigentes de su partido o movimiento político.

Confundir al Estado con el Partido es encontrar a la Secretaria General de Alianza País de manera habitual en Carondelet para asistir a las reuniones oficiales. Veamos esta nota periodística de El Comercio: “La puerta principal de la sede de Alianza País se abre para que ingrese un vehículo todoterreno con vidrios polarizados y sin placas. Un chofer y un capitán ocupan los asientos delanteros. Atrás va la secretaria ejecutiva de Alianza País (AP), Doris Soliz”. ¿Qué rango especial tiene Soliz para estar acompañada de un capitán? No está reglamentado el uso del personal policial? Y qué pasa con la Policía Metropolitana que no detiene a la infractora por no portar placas, a no ser que el vehículo tenga papeles especiales, propios de funcionarios de alto nivel, por estrictas razones de seguridad, pero no para funcionarios de partidos políticos?

Están ebrios de poder.

* Periodista y docente universitario

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