Violencia y presión impulsa el correísmo contra el movimiento estudiantil secundario

15 junio, 2015

Por  Ricardo Naranjo.

En los últimos días se han suscitado peleas entre estudiantes de varios colegios emblemáticos de la capital, los llamados por redes y los encuentros campales no se han hecho esperar. Ya existen los primeros detenidos en la segunda semana de estos enfrentamientos que involucran, principalmente, a estudiantes de los colegios “Mejía” y “Montufar”, pero que también incluyen conflictos entre el “Central”, “Dillon”, “Montalvo”, etc.

Ante lo cual, cabe preguntarse: ¿A qué responde este hecho? ¿En qué contexto se producen estos nuevos brotes de violencia intercolegial? ¿Cómo ha obrado el gobierno frente a este y otros problemas juveniles? ¿Son, en realidad, estudiantes quienes promueven la violencia entre los colegios?¿Quién o quiénes se benefician de estos incidentes?

Con el fin de esclarecer el fenómeno en cuestión, analicemos algunos factores relacionados con el tema.

Divide y vencerás

La segregación es un recurso impulsado en tiempos de convulsión social o crisis. Las clases dominantes promueven discordias populares por motivos étinicos, nacionales, ideológicos, deportivos, culturales, etc.

No es de extrañarse -por ejemplo- que se manifiesten expresiones de patrioterismo para pretextar guerras fratricidas; se justifiquen masacres con supuesta preeminencia de una u otra etnia; o se utilicen localismos territoriales, equipos de fútbol, instituciones, entre otros recursos como elementos distractores frente a problemas concretos o, en su defecto, como factores de desunión entre comunes. Estas ideas están cargadas de intolerancia y calan en sectores que son afectados en su sentido de identidad, que conforman un brazo ejecutor de estas ideas discriminatorias.

Cuando el río suena….

Respecto del escenario en el que se reavivan los revanchismos entre estudiantes de diferentes colegios, recordemos que la juventud constituye en un importante sector que se opone a las políticas del actual régimen.

Las acciones impulsadas por la juventud se han expresado: contra reformas educativas improvisadas y elitistas como el BGU (Bachillerato General Unificado) y el sistema de ingreso a la universidad; contra la afectación al ambiente que promueve la minería y la explotación del parque nacional “Yasuní”; frente al entreguismo manifiesto en el agresivo endeudamiento externo y el “acuerdo comercial” con la Unión Europea; contra medidas que agreden la economía popular como la elevación de impuestos, el alza del precio en los productos de primera necesidad, elevación de las tarifas del transporte público, etc.

Los jóvenes han luchado contra la represión y en pro de los derechos de participación, contra leyes y reglamentos que criminalizan a la juventud, contra la persecución y la limitación a sus organizaciones naturales, contra la sanción y la prisión de cientos de secundarios.

Prueba del creciente descontento y la pérdida progresiva del miedo ha sido la incorporación de sectores estudiantiles a las movilizaciones convocadas por los trabajadores y demás sectores organizados, cuya máxima expresión se produjo en septiembre del año pasado, cuando los estudiantes se tomaron los colegios y las calles en contra del alza del pasaje, llegando a confrontar con la policía y las autoridades institucionales.

La constante respuesta del régimen son la represión, cientos de dirigentes sociales, de izquierda y jóvenes son encarcelados, enjuiciados, estigmatizados y blanco de agresiones personales por parte de representantes del gobierno. Esto no ha detenido la lucha social que -por el contrario- se proyecta hacia nuevas y más altas formas de organización, unidad y lucha por la constitución de un gobierno popular, libres de la incidencia de la “nueva” y la “vieja” derecha.

Lobos, sabuesos y conejos

¿Son los jóvenes los portadores de estas posiciones divisionistas y discriminatorias?, evidentemente que no, a esta intolerancia se suman, históricamente, varios factores como la trayectoria, tradición, identidad y respeto al colegio que son positivos y contribuyen a fomentar la unidad y el cuidado de sus planteles. Sin embargo, existen también, posiciones exclusivistas, chauvinistas, revanchistas y violentistas que se vuelven un problema y limitan el desarrollo de los estudiantes. Posiciones de las que hacen eco autoridades, profesores, egresados, etc.

A la errónea idea, de que el amor a la institución se traduce en la agresión y humillación a otros, se suma la actitud agenciosa de determinados elementos que se infiltran en las bandas “de paz”, barras y demás grupos. Existen policías, militares y personajes con ideología de divisionistas que buscan descomponer a sectores organizados y orillarlos a conflictos en los que son los estudiantes los perjudicados y sancionados.

En las protestas del año anterior, varios de estos funestos personajes jugaron el papel de delatores y disfrazados de estudiantes (muchos de ellos matriculados en varios colegios) y que han sido denunciados e identificados por su afinidad al gobierno, trabajan con la policía y buscan frenar la movilización y organización estudiantil.

El queso en la trampa

Paralelamente a estos incidentes – que por ahora son aislados pero incitados por redes sociales- se vienen produciendo concentraciones de sectores de la pequeño burguesia, convocados por el ala de la derecha que no está en el gobierno. Lo cual, genera una expectativa y plantea la perspectiva de nuevas movilizaciones y protestas en contra de políticas del régimen. Independientemente de la motivación inicial de estas concentraciones “ciudadanas” y de que su principal bandera sea la oposición a una ambigua ley que regula las herencias, genera un ambiente en el cual los sectores populares pueden intervenir con independencia y con sus propias reivindicaciones, desarrollando la lucha e impidiendo que la derecha pretenda capitalizar el descontento del pueblo.

El gobierno sabe el potencial democrático del pueblo y la juventud ecuatoriana, conoce, así mismo, la recuperación y la unidad que se vienen gestando entre los sectores organizados y la población en general. Sabe que el peligro principal no está en la tribuna de “Los Shirys” sino en los trabajadores, el movimiento indígena, entre la juventud estudiantil que ya le dio un anuncio en septiembre del año pasado y que viene proyectándose en cada una de las marchas nacionales y colectivos unitarios.

Por ello, en el marco de la aplicación de su política represiva y de su “Plan de Seguridad” dentro de los colegios -que incluye cámaras, botones “de auxilio”, brigadas de padres y docentes, requisas y cacheos policiales, etc.- el gobierno resulta el único beneficiario de la desunión, las riñas y la potencial sanción de estudiantes de los colegios. De ahí que se permita que, sólo la semana pasada se produzcan tres enfrentamientos masivos entre estudiantes del Mejia y del Montufar, a diferencia de otros momentos en los que, según su conveniencia, despliegan sendos operativos para impedir desmanes.

Además que, conforme lo expuesto en un inicio, le resulta muy conveniente “distraer” a los estudiantes y mantenerlos peleando entre ellos, en lugar de juntos, pelear por sus derechos y en contra de las políticas del gobierno de turno.

¿Y, ahora, qué?

En este escenario, los jóvenes debemos hacer cada vez mayores esfuerzos para involucrarnos en la realidad educativa, económica, social y política del país; entender que existen actores que luchan por sus intereses y otros que pelean junto a nosotros en defensa de nuestros derechos. No podemos permitir que piensen nuestra realidad por nosotros, debemos ser actores protagónicos del cambio social que necesitan las mayorías.

Debemos defender nuestras organizaciones, su carácter democrático y su accionar en defensa de los derechos de sus compañeros. Democraticemos los clubes, selecciones, bandas, barras, asociaciones de egresados, consejos estudiantiles; para que sean espacios donde se debatan y se planteen soluciones a nuestros problemas, en la que participemos directamente los estudiantes y así impidamos la infiltración de elementos extraños que buscan desviar y destruir la organización juvenil.

Es necesario que mantengamos la unidad de los estudiantes de todos los colegios, dejando de lado rencillas y problemas absurdos, atizados por un supuesto amor al colegio. Unámonos en base a nuestros intereses comunes como la reforma al BGU, el libre ingreso a la universidad, la libre organización, el empleo juvenil, la defensa de la soberanía, la naturaleza, etc. ¡Tenemos muchos más motivos para permanecer y luchar unidos!

 Fuente: ecuadorlibrered.tk

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