Gina Godoy, heredera de León Febres Cordero

1 julio, 2015

Por Guido Proaño A.

La asambleísta Gina Godoy demostró que con León Febres Cordero tiene, al menos, un elemento en común: la forma de pensar. En el año 1996, cuando Jaime Nebot perdió las elecciones presidenciales, Febres Cordero dijo que quienes sufragaron por Abdalá Bucaram eran “putas y maricones”; ahora, la asambleísta de Alianza País asevera que quienes protestan en las calles en contra del Gobierno lo hacen “bajo efecto del alcohol y del consumo de sustancias”. También piensa igual que el empresario estadounidense Donal Trump, precandidato presidencial del Partido Republicano, quien hace pocos días dijo que los mexicanos que llegan a Estados Unidos están vinculados al mundo de las drogas y el crimen.

Así especulan en las alturas del poder respecto de los pueblos, con un criterio de superioridad, con una visión política aristocrática. Godoy no tuvo un exabrupto, la presión social existente le forzó a decir lo que anida en su cabeza, lo que el régimen piensa. Entre sus calificativos y aquellos racistas y discriminatorios como “mediocres”, “emplumados”, “izquierda boba”, “tirapiedras”, “garroteros” y otros emitidos con frecuencia por Rafael Correa no hay diferencia, responden a una misma y concepción, a una misma matriz de pensamiento autoritario, de la que no puede esperarse otra cosa que la edificación de una institucionalidad también autoritaria, como la que se ha creado en el país durante estos años a nombre de dejar atrás el pasado neoliberal.

En fuentes como esas beben y crecen corrientes políticas reaccionarias que incorporan en su estrategia la estigmatización de determinados grupos de la sociedad hasta crear fobias en su contra, a fin de que sean vistos como un peligro para la existencia misma de la nación o el país, por lo que su combate –con cualquier medio- es justificable. Hitler logró convencer al pueblo alemán que sus enemigos eran los judíos y los comunistas; la derecha europea lanza campañas xenofóbicas culpando a los migrantes de varios problemas que aquejan a esos países.

Aquí, la “revolución ciudadana” ha trabajado y trabaja por estigmatizar y ubicar en el plano de enemigos sociales a los dirigentes sindicales, a los militantes de izquierda, a dirigentes estudiantiles, del magisterio…, es decir, a quienes desde la orilla de una oposición popular han combatido al Gobierno. El propósito es que la sociedad les desvalorice y desprecie, de manera que cuando el Estado les reprime se asuma como una acción justificada y hasta necesaria. Ahora se dice –en esencia- que quienes protestan son borrachos y drogadictos, hay inclusive videos promovidos por el Gobierno que buscan posicionar esa idea. Por lo tanto, hay que actuar en contra de ellos, todos son delincuentes y deben ser tratados como tales, pues, así se salva a la sociedad, a la “revolución ciudadana”.

Así piensa el correísmo: ellos se asumen como la élite; el resto, la escoria.

Fuente: ecuadorlibrered.tk

Compártenos y Síguenos en:
  • Bitacoras.com

{ 1 trackback }

Previous post:

Next post: